De la virtud al rating: cómo cambiaron nuestros valores culturales
Cuando la incoherencia se aplaude y el conocimiento se desprecia
Por Cesáreo González Abogado y analista social
Introducción
Vivimos una época en la que los referentes morales y culturales parecen invertidos. La virtud, entendida como coherencia ética y compromiso con el bien común, ha cedido espacio al espectáculo y al rating. En este contexto, la incoherencia se celebra como muestra de autenticidad y el conocimiento se relega a un segundo plano frente a la inmediatez de la opinión. Este fenómeno refleja una transformación profunda en los valores culturales de nuestras sociedades contemporáneas.
Como advierte Bauman (2000), la modernidad líquida ha disuelto certezas y ha convertido la vida en un escenario de consumo inmediato. En este escenario, la virtud se percibe como obsoleta, mientras que la visibilidad y la popularidad se convierten en los nuevos parámetros de éxito.
1. De la virtud al espectáculo
El sociólogo Zygmunt Bauman (2000) denominó a nuestra era modernidad líquida, caracterizada por la fragilidad de los vínculos y la volatilidad de las certezas. En este escenario, la virtud deja de ser un referente estable y se convierte en un recurso narrativo subordinado al espectáculo.
Guy Debord (1967) ya advertía que la sociedad moderna se organiza en torno a la lógica del espectáculo, donde la apariencia sustituye a la esencia y la visibilidad se convierte en sinónimo de éxito. En este sentido, la coherencia ética pierde relevancia frente a la capacidad de generar impacto mediático.
Ejemplo: un maestro que dedica décadas a formar ciudadanos críticos puede ser ignorado, mientras que un “influencer” que habla sin fundamento logra millones de seguidores. Esta paradoja refleja la sustitución del mérito por la fama.
2. Evolución histórica de los valores culturales
La transformación de los valores no es un fenómeno exclusivo de nuestra época; responde a una evolución histórica que ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes.
Antigüedad: En civilizaciones como Mesopotamia, Egipto y Roma, los valores estaban ligados a la religión y las estructuras de poder. Se priorizaban la obediencia, el orden y el honor.
Edad Media: La influencia de la Iglesia católica dominó Europa. Los valores más importantes se centraban en la fe, la humildad y el sacrificio personal por la salvación.
Renacimiento e Ilustración: Con el Renacimiento y la Ilustración, los valores cambiaron hacia el humanismo y la razón. Voltaire, Rousseau y Montesquieu promovieron la libertad, la igualdad y la tolerancia.
Era Moderna: Las revoluciones industriales y sociales reforzaron valores como la igualdad, los derechos humanos y la justicia social.
Era Contemporánea: La globalización impulsa valores centrados en la sostenibilidad ambiental, inclusión social, diversidad cultural e igualdad de género.
Como señala Bustamante (s.f.), “los valores han evolucionado históricamente en función de las necesidades sociales, políticas y culturales de cada época, reflejando tanto avances como retrocesos en la construcción de la convivencia humana”.
3. Causas de la inversión de valores
a) La revolución digital
Las redes sociales han transformado la manera en que se construyen reputaciones y liderazgos. El algoritmo premia la polémica y la viralidad por encima de la reflexión crítica (Pew Research Center, 2024).
b) El relativismo moral
La posmodernidad debilitó los consensos éticos, promoviendo una visión donde “todo vale”. Baudrillard (1998) describe este fenómeno como el triunfo del simulacro.
c) La crisis de autoridad cultural
La figura del intelectual o del maestro ha perdido centralidad frente a influencers y celebridades. Han (2017) señala que la expulsión de lo distinto refleja una sociedad que privilegia la homogeneidad y la repetición.
4. Aspectos positivos del cambio cultural
Aunque el fenómeno parezca alarmante, no todo es negativo. La democratización de la comunicación ha permitido que voces antes marginadas encuentren espacios de visibilidad.
Además, la cultura digital ha impulsado nuevas formas de creatividad y expresión. Jenkins (2006) destaca que la cultura de la convergencia permite que los ciudadanos participen activamente en la producción de contenidos.
5. Consecuencias negativas y riesgos sociales
Un aspecto alarmante es la desvalorización del conocimiento frente a la exaltación de la ignorancia. Científicos y maestros son ignorados, mientras que personajes sin formación son aplaudidos.
Ejemplo: durante la pandemia de COVID-19, epidemiólogos alertaban sobre medidas preventivas, pero influencers difundían teorías conspirativas, y millones siguieron más esas voces que las recomendaciones médicas (Pew Research Center, 2024).
Este fenómeno refleja lo que Debord (1967) denominó “la sociedad del espectáculo”. Peligros para la humanidad; Desinformación masiva; Crisis de autoridad científica; Decisiones colectivas erradas; Degradación cultural.
Han (2012) advierte que esta presión por la visibilidad genera una “sociedad del cansancio”, donde la búsqueda de reconocimiento sustituye al esfuerzo por el conocimiento.
6. Hacia una cultura más equilibrada; No se trata de añorar el pasado ni de condenar la modernidad, sino de buscar un equilibrio entre tradición y cambio; El desafío consiste en transformar el rating en un instrumento de participación responsable. Nussbaum (2010) señala que la educación democrática debe fomentar empatía, pensamiento crítico y valoración del conocimiento.
7. ¿Es posible revertir la tendencia?
La inversión de valores no es irreversible. Se puede revertir mediante:, Educación crítica y ética.; Medios y plataformas responsables; Liderazgo político y cultural coherente.
8. ¿Es correcto dejar que el mundo siga su curso?
Dejar que el mundo siga su curso sería aceptar la degradación cultural como destino inevitable. La pasividad conduciría a ciudadanos desinformados, gobiernos populistas y debilitamiento de la ciencia.
9. ¿Quién puede hacer algo para evitarlo?
La responsabilidad es compartida:
Estados: deben garantizar políticas educativas y culturales.; Plataformas digitales: podrían regular algoritmos, pero priorizan ganancias; Líderes culturales y académicos: su voz se margina frente al ruido mediático; Ciudadanía: cada individuo puede elegir qué consumir y difundir.
10. Sociedad del futuro: dos escenarios posibles
Si todo sigue igual: La sociedad será más fragmentada, manipulable y menos capaz de enfrentar desafíos globales, Si se actúa ahora: Podría emerger una sociedad más equilibrada, donde el conocimiento vuelva a ocupar un lugar central.
Conclusión
El cambio de valores que caracteriza a nuestro tiempo no debe verse únicamente como una degradación moral, sino como una reconfiguración cultural que plantea riesgos y oportunidades. Existe la posibilidad de revertir esta tendencia, pero requiere acción consciente de Estados, medios, líderes culturales y ciudadanos.
La pregunta no es si alguien puede hacer algo, sino por qué quienes pueden hacerlo muchas veces no lo hacen. La respuesta está en la comodidad, el interés económico y la falta de voluntad política. Sin embargo, la historia demuestra que los valores pueden transformarse cuando la sociedad decide recuperar la virtud y el conocimiento como pilares de la vida pública.
Bibliografía (formato APA, 7.ª edición)
Bauman, Z. (2000). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
Baudrillard, J. (1998). La ilusión vital: cultura y simulacro. Anagrama.
Debord, G. (1967). La sociedad del espectáculo. Black & Red.
Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder.
Han, B.-C. (2017). La expulsión de lo distinto. Herder.
Jenkins, H. (2006). Convergence culture: Where old and new media collide. New York University Press.
Nussbaum, M. (2010). Not for profit: Why democracy needs the humanities. Princeton University Press.
Pew Research Center. (2024). Teens, social media and information habits. Pew Research Center.
Bustamante, M. (s.f.). Evolución de los valores a través de la historia. Recuperado de https://sites.google.com/view/evolucion-de-los-valores-/home
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